Titanic: ¿Hundido por una maldición egipcia?

La tragedia del Titanic, la peor tragédia marítima de la historia, siempre está presente en la cultura popular, pues sus misterios parece que nunca terminan de ser develados.
Una historia que pocos conocen es que en su viaje inaugural, y final, el Titanic llevaba una momia egipcia a bordo, que viajaba hacia Canada, para ser exhibida en el Museo de Ciencias Naturales de Edmonton. Pero esta no era una momia cualquiera, era la momia de Nafterut, una reina de la XII dinastía, una de las esposas del faraón Amenafis V. Lo tumba donde se halló la momia de Nafterut había sido abierta una decada antes, por arquéologos ingleses, que la transportaron a Londres por tren, en donde permaneció en el museo Británico, hasta ser adquirida por el museo canadiense. Lo que pocos sabían es que en la entrada de la tumba había una maldición egipcia cuya traducción decía:

Maldito será quien profane esta entrada
pisadas de dolor para quien mueva mi cuerpo
en el abismo desaparecerá quien perturbe mi descanso
Nafterut reina descansara en los dominos de Ajdut


Fotograía de la entrada de la tumba de Nafterut, donde se puede
leer la maldición.



¿Fue acaso esta maldición la causa por la que se hundió el Titanic? Es muy probable que asi sea según estudios realizados por egiptólogos ingleses que investigaron el tema. Lo más sorprendente que descubrieron es que la palabra original que fue traducida como "abismo", en la maldición, también significaba en egipcio antiguo "fondo del mar". Y eso no es todo, pues el verso final de la maldición parece describir con exactitud los hechos, ya que como reza este, la reina Nafterur descansa hoy en los dominios de Ajdut, el antiguo dios egipcio de los mares. Según estudios probabilisticos realizados, las probabilidades de que esta maldición se haya cumplido solo por azar son abismales, lo que solo dejaría una explicación posible: La maldición de la reina Nafterut se había cumplido.


Horror en las cavernas: El demonio de Kayseri.

La región montañosa de Kayseri, en el centro de Turquía, es una zona repleta de cavernas poco exploradas, de las que se desconoce que profundidad pueden alcanzar. Hasta hace un par de décadas esta región era visitada por turistas aficionados a los deportes extremos que se internaban en estas cavernas, explorando y descendiendo en sus entrañas. Pero todo esto se detuvo a mediados de 1988, cuando una horrorosa historia salió a la luz.
Allan Dobson y John Retriere eran dos turistas australianos que habían viajado a la región, atraidos por la espectacularidad de las cavernas de Kayseri. Según cuenta Retriere, ambos se habían adentrado bastante profundo en una cueva cuando escucharon un chillido desgarrador. Dobson, que se encontraba delante, creyo ver algo moviéndose en las sombras y se apuró a tomar una fotografía.
Segundos después de la tomar la fotografía, y en medio de la oscuridad, según Retriere, Dobson desapareció en medio de gritos de dolor, como si algo lo hubiera atacado, mientras Retriere escapaba hacia la superficie. Numerosas misiones de rescate se realizaron para encontrar a Allan Dobson, sin embargo jamás se encontró ningún rastro. Quizás la foto, la última foto que tomó Dobson y que aqui exhibimos, tenga la respuesta.
Desde entonces las cavernas de Kayseri se encuentran cerradas al público por el gobierno de Turquía, con guardias militares en su entrada, seguramente para evitar que lo que allí habita salga a la superficie.

Primera foto de un Hombre de Negro.

Algo que caracteriza a los avistamientos de fenómenos OVNI es la consecuente aparición de los misteriosos Hombres de Negro, quienes se dedican a amedrentar e intimidar a los testigos, para evitar que den a conocer sus experiencias. Son muchos los casos de este tipo documentados, tras la aparición de OVNIs.
Todos los testigos relatan experiencias similares: tras un avistamiento suelen aparecer lestos personajes, que generalmente conducen automóviles antiguos, de la década de los 60, también de color negro. Suelen llegar en parejas, aunque a veces puden presentarse solos. Se entrevistan con los testigos, dando identidades falsas y los amenazan en caso de que hablen. Algo curioso es que algunos testigos afirman que a veces estos sujetos tienen voces robóticas y desconocen objetos comunes como lapiceras o encendedores, lo que podría sugerir que no son humanos, sino androides enviados por los alienígenas para evitar que se difundan los avistamientos.
Hasta el momento no había evidencia de estos personajes más que los relatos de quienes fueron visitados. Sin embargo existe una foto que muestra a un Hombre de Negro. La foto, aqui presentada, fue tomada por Hughie Morris, un granjero californiano, quien en 1978 fue testigo de una nave extraterrestre con forma de disco.
"Fue el domingo, despues de almorzar me dirigí a mi garage, a seguir trabajando en mi tractor, cuando vi un objeto con forma de platillo posado en mi propiedad. Tendría unos seis pies de largo y cuando quise acercarme violentamente se elevó y desapareció en el aire. Lamento no haber tenido mi cámara fotográfica a mano", declaró Morris, quien era un fotógrafo aficionado, a un periódico local.
Al día siguiente Morris fue visitado por un hombre vestido de negro que se acerco a su propiedad en un gran auto negro. Se presentó como un vendedor de equipo de granja, pero rápidamente toco el tema del platillo volador. Amenazó a Morris con una voz que según el granjero no parecía de este mundo, y luego se despidió. Afortunadamente Morris tenía su cámara en la mano cuando el extraño personaje se presentó, y antes de que este se fuera le tomó la fotografía que aqui mostramos, la primera evidencia de que los hombres de negro, sean robots alienígenas u alguna agencia del gobierno, existen sin lugar a dudas.

Nueva foto del hombre en la Luna, prueba irrefutable de la conspiración.

Son muchas las evidencias que sugieren que los alunizajes realizados por la NASA en 1969 no fueron reales, sino que fueron un montaje realizado en un estudio de televisión, probablemente en el estado de Maine. Cada vez son más obvias las evidencias de que esto fue asi en verdad, y que el hombre jamás pisó la Luna, o al menos no en esa oportunidad, como lo dice la historia oficial.
Hace unos pocos días apareció en la red una fotografía que aparentenmente se filtró a los estrictos controles de información de la NASA, que muestra al astronauta Ronald Evans, de la misión Apolo XVI, en la que se pueden observar claramente dos reflectores que están iluminando el sitio del falso alunizaje. Se puede comprobar fácilmente que hay dos reflectores por la sombra del astronauta, o mejor dicho las sombras, pues se ven dos sombras. Si como afirma la NASA, no hubo reflectores, la única fuente de luz sería el Sol, por lo tanto se vería una sola sombra. Otra evidencia de la burda y vergonzosa farsa que la NASA le quiso hacer creer a la humanidad.

Viajeros del tiempo: las tallas de Arkhangai.

Un descubrimiento que ha dejado asombrados a arqueólogos y antropófagos de todo el mundo son los dibujos rupestres tallados en roca en las cuevas de Arkhangai, en el corazón de Mongolia. En ellos se pueden observar reproducciones de transatlánticos, trenes, aviones biplanos y demás medios de transporte del siglo XIX y XX. Esto no sería nada sorprendente, pero la cuestion es que los análisis de carbono-14 realizados en la Universidad de Tullin, en Ulan Bator, Mongolia, revelan que las tallas en roca tienen unos 15.000 años de antigüedad como mínimo. Y lo que es más misterioso aún es que la mayoría de estas imágenes muestran medios de locomoción marítimos, a pesar de que Mongolia no tiene salida al océano. Algunos científicos ya barajan la teoría de que estas imágenes puedan haber sido realizadas por viajeros en el tiempo, o lo que es más probable por los mismo nativos de la región para honrar a estos visitantes de otros tiempos u alienigenas que sin ninguna duda les mostraron imágenes del futuro.
(Profesor Daryl Guse, de la Universidad Nacional de Australia, tomando medidas de las increibles imágenes).

Tras los pasos de Mokele Mbembe.

En 1927 los exploradores ingléses Conrad Percy y Sir Archivald Fortune llegaron a la colonia británica del Congo a explorar las márgenes del río Lulonga, atraídos por las histórias de los nativos acerca de la existencia de depósitos de oro y diamantes en la región.
Pero tras varias semanas de remontar las aguas del Lulonga en canoa, trasportando toneladas de equipo topográfico, Percy y Archivald, guiados por los pigmeos nativos no hallaron absolutamente ni una onza de los preciosos minerales que vinieron a buscar. Sin embargo se encontraron con una historía sorprendente. Al llegar a un recodo del río, los pigmeos se negaron a seguir avanzando, argullendo que más allá era lel hogar del Mokele Mbembe, una criatura que describieron con un tamaño mayor al de un elefante, con cola y cuellos largos y musculosos y una pequeña cabeza, algo llamativamente similar a un dinosaurio saurópodo.
Asombrados por la historia, Percy y Fortune decidieron continuar, junto con un grupo de pigmeos que se animaron a seguirles. Tras cinco dias de viaje, para alivio de los pigmeos, no avistaron nada, pero en la mañana del sexto día, en la margen norte del Lulanga, a pocos minutos de continuar el viaje, Conrad Percy quien se había internado unos metros en la selva, se encontro cara a cara con el Mokele Mbembe. Percy, quien siempre llevaba su cámara fotográfica tomo una serie de instantáneas.
Describió que la criatura, de unos 5 metros de altura y unos 8 metros de largo, se encontraba pacíficamente alimentándose de plantas nativas y que, a pesar de notar la presencia del británico, le dio poca importancia, casi ignorándolo.
Percy retornó exitado al campamento, a buscar a su compañero, pero cuando regresaron los dos la criatura ya había desaparecido.
Al retornar a Europa, se revelaron las fotos de Percy, y tan solo en una (la fotografía de la izquierda) se pudo observar lo que parece el cuello y el lomo de una criatura muy similar a un dinosaurio.
Percy retornó a Africa en tres oportunidades más, ya no para buscar diamantes, sino para seguir la pista de Mokele Mbembe, pero lamentablemente jamás volvió a cruzarse con la elusiva criatura. En 1938, Conrad Percy murió en el corazón del Congo, víctima de la malaria, sin embargo su fotografía de 1927 perdurará por siempre como evidencia de que todavía caminan sobre la faz de la Tierra criaturas que se creían extintas hace millones de años.

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