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La verdad sobre el ectoplasma. Leala aqui.

El ectoplasma, denominado asi por Charles Richet, es una sutil materia viva que se haya presente en el cuerpo físico, capaz de asumir estados líquidos, sólidos y sus propiedades. Fluye en la oscuridad (con la luz prendida no fluye nada) a través de los poros y los distintos orificios del cuerpo, siendo generalmente luminoso. Es característico de los médiums físicos. Cuando se produce, por lo general baja la temperatura de la sala, posee un olor característico (característico a ectoplasma, por supuesto) y es frío al tacto. Este fluido etérico semimaterial emana de los médiums durante el trance y la composición de esta sustancia muestra en ocasiones una estructura similar a la albúmina, hallándose tejido proteínico, grasas, leucocitos, fosfatos, tejido cartilaginoso y células en formación, según estudios realizados en distintos laboratorios del mundo que no tienen mucho que hacer. Parece que ve afectada su constitución por medio de la luz, descomponiéndose y vaporizándose, aunque la luz roja parece no afectarle. En ocasiones puede llegar a conformar cuerpos enteros y en estos casos se mueven provistos de vida propia, hablando, caminando, bailando y en casos excepcionales han llegado a conducir automóviles (pero sólo con caja automática) con una total independencia. Suelen poseer funciones fisiológicas como pulso, tensión arterial, temperatura y respiración, todo ello medible y asimilable a los valores normales del hombre. Las denominaciones que adoptaría el ectoplasma según su origen serían ectozooplasma, ectofitoplasma y ectoneroplasma. En el médium durante la producción se registra una disminución de peso, que se recupera una vez que ha absorvido nuevamente el ectoplasma. Una sustracción con fines de análisis infligiría al médium un intolerable sufrimiento.

Titanic: ¿Hundido por una maldición egipcia?

La tragedia del Titanic, la peor tragédia marítima de la historia, siempre está presente en la cultura popular, pues sus misterios parece que nunca terminan de ser develados.
Una historia que pocos conocen es que en su viaje inaugural, y final, el Titanic llevaba una momia egipcia a bordo, que viajaba hacia Canada, para ser exhibida en el Museo de Ciencias Naturales de Edmonton. Pero esta no era una momia cualquiera, era la momia de Nafterut, una reina de la XII dinastía, una de las esposas del faraón Amenafis V. Lo tumba donde se halló la momia de Nafterut había sido abierta una decada antes, por arquéologos ingleses, que la transportaron a Londres por tren, en donde permaneció en el museo Británico, hasta ser adquirida por el museo canadiense. Lo que pocos sabían es que en la entrada de la tumba había una maldición egipcia cuya traducción decía:

Maldito será quien profane esta entrada
pisadas de dolor para quien mueva mi cuerpo
en el abismo desaparecerá quien perturbe mi descanso
Nafterut reina descansara en los dominos de Ajdut


Fotograía de la entrada de la tumba de Nafterut, donde se puede
leer la maldición.



¿Fue acaso esta maldición la causa por la que se hundió el Titanic? Es muy probable que asi sea según estudios realizados por egiptólogos ingleses que investigaron el tema. Lo más sorprendente que descubrieron es que la palabra original que fue traducida como "abismo", en la maldición, también significaba en egipcio antiguo "fondo del mar". Y eso no es todo, pues el verso final de la maldición parece describir con exactitud los hechos, ya que como reza este, la reina Nafterur descansa hoy en los dominios de Ajdut, el antiguo dios egipcio de los mares. Según estudios probabilisticos realizados, las probabilidades de que esta maldición se haya cumplido solo por azar son abismales, lo que solo dejaría una explicación posible: La maldición de la reina Nafterut se había cumplido.


Horror en las cavernas: El demonio de Kayseri.

La región montañosa de Kayseri, en el centro de Turquía, es una zona repleta de cavernas poco exploradas, de las que se desconoce que profundidad pueden alcanzar. Hasta hace un par de décadas esta región era visitada por turistas aficionados a los deportes extremos que se internaban en estas cavernas, explorando y descendiendo en sus entrañas. Pero todo esto se detuvo a mediados de 1988, cuando una horrorosa historia salió a la luz.
Allan Dobson y John Retriere eran dos turistas australianos que habían viajado a la región, atraidos por la espectacularidad de las cavernas de Kayseri. Según cuenta Retriere, ambos se habían adentrado bastante profundo en una cueva cuando escucharon un chillido desgarrador. Dobson, que se encontraba delante, creyo ver algo moviéndose en las sombras y se apuró a tomar una fotografía.
Segundos después de la tomar la fotografía, y en medio de la oscuridad, según Retriere, Dobson desapareció en medio de gritos de dolor, como si algo lo hubiera atacado, mientras Retriere escapaba hacia la superficie. Numerosas misiones de rescate se realizaron para encontrar a Allan Dobson, sin embargo jamás se encontró ningún rastro. Quizás la foto, la última foto que tomó Dobson y que aqui exhibimos, tenga la respuesta.
Desde entonces las cavernas de Kayseri se encuentran cerradas al público por el gobierno de Turquía, con guardias militares en su entrada, seguramente para evitar que lo que allí habita salga a la superficie.

 


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